Café y migraña: ¿la cafeína ayuda o puede empeorarla?

Café y migraña: ¿la cafeína ayuda o puede empeorarla?

Para algunas personas con migraña, consumir cafeína al comienzo de una crisis parece ayudar a aliviar el dolor. Para otras, puede actuar como desencadenante. Y quienes la consumen todos los días pueden notar una crisis precisamente cuando retrasan o reducen su cantidad habitual.

Aunque pueda parecer contradictorio, todos estos efectos son posibles. La cafeína no solo está presente en el café, sino también en el té, las bebidas energéticas, algunos refrescos, el chocolate y determinados medicamentos. Su relación con la migraña depende de la cantidad consumida, la frecuencia, la regularidad de los horarios y la sensibilidad de cada persona.

¿Cómo actúa la cafeína en el cerebro?

La cafeína actúa principalmente bloqueando los receptores de adenosina. Esta sustancia se acumula progresivamente en el cerebro mientras estamos despiertos y participa en la sensación de cansancio, la regulación de la actividad neuronal, el flujo sanguíneo cerebral y algunas vías relacionadas con el dolor.

Al bloquear temporalmente su acción, la cafeína aumenta el estado de alerta, reduce la somnolencia y puede modificar la percepción del dolor. También provoca una disminución transitoria del flujo sanguíneo cerebral. Este conjunto de efectos ayuda a explicar por qué la cafeína puede contribuir a aliviar el dolor durante una crisis y por qué se incorpora a algunos medicamentos para la cefalea y la migraña.

¿Puede la cafeína aliviar una crisis de migraña?

Sí, aunque su utilidad está mejor demostrada cuando se combina con determinados analgésicos que cuando se toma por sí sola.

Los ensayos clínicos muestran que añadir cafeína al paracetamol, al ácido acetilsalicílico o al ibuprofeno puede aumentar modestamente su efecto analgésico. En los estudios realizados específicamente en migraña, este beneficio se ha observado principalmente con dosis de cafeína de 100 mg o más.

De hecho, algunos medicamentos indicados para las crisis de migraña combinan cafeína con uno o varios analgésicos. La asociación de ácido acetilsalicílico, paracetamol y cafeína, por ejemplo, ha demostrado una eficacia superior a la de sus componentes utilizados por separado en determinados ensayos clínicos.

La cafeína puede contribuir al efecto del tratamiento mediante su acción sobre los receptores de adenosina y también puede favorecer la absorción de algunos analgésicos. Sin embargo, el beneficio adicional observado es moderado y no todas las personas responden de la misma manera.

Esto no significa que una taza de café produzca el mismo efecto que un medicamento combinado. La cantidad de cafeína puede variar considerablemente según el tipo de café, la preparación y el tamaño de la taza. Además, su efecto depende de la sensibilidad y del consumo habitual de cada persona. Por tanto, la cafeína puede contribuir al alivio de algunas crisis, pero no debe considerarse por sí sola un tratamiento general para la migraña.

Cuando la cafeína se convierte en el problema

La cafeína puede favorecer una crisis en dos situaciones diferentes: cuando se consume más cantidad de la que el organismo tolera y cuando se reduce bruscamente un consumo habitual.

En una persona poco habituada, consumir una cantidad elevada de cafeína en un periodo corto —por ejemplo, mediante varios cafés u otras bebidas con cafeína— puede producir una estimulación mayor de lo habitual. Pueden aparecer nerviosismo, inquietud, palpitaciones o dificultades para dormir. No se ha demostrado que estos efectos provoquen directamente una migraña, pero pueden aumentar la susceptibilidad de algunas personas, especialmente cuando coinciden con otros factores como el estrés, la deshidratación o la falta de descanso.

La situación es diferente en quienes consumen varias tazas todos los días. Con el consumo habitual, el organismo se adapta a la presencia de cafeína. Si se retrasa una toma, se reduce notablemente la cantidad o se deja de consumir de repente, desaparece su efecto bloqueante sobre la adenosina y esta puede actuar con mayor intensidad. Como consecuencia, puede aparecer una cefalea por retirada o desencadenarse una crisis de migraña.

Esta relación se observó en un pequeño ensayo clínico con personas con migraña que consumían diariamente cantidades elevadas de cafeína. Cuando la cafeína se sustituyó bruscamente por placebo, siete de los nueve participantes que completaron esa fase experimentaron una crisis intensa. Aunque el reducido número de participantes obliga a interpretar el resultado con cautela, el estudio muestra que una retirada repentina puede actuar como un potente desencadenante en consumidores habituales.

La Clasificación Internacional de las Cefaleas reconoce la cefalea por retirada de cafeína. Sus criterios contemplan la aparición de dolor durante las 24 horas posteriores a interrumpir un consumo superior a 200 mg diarios mantenido durante más de dos semanas. El dolor debe aliviarse al volver a consumir cafeína o desaparecer en un plazo máximo de siete días sin reanudar su consumo.

Esto ayuda a explicar algunas crisis de fin de semana. Una persona puede tomar café temprano y a horas regulares durante los días laborables y, al levantarse más tarde el sábado o retrasar su primera taza, desarrollar dolor de cabeza. En ese caso, el desencadenante no sería necesariamente el café consumido el día anterior, sino el cambio brusco respecto a su rutina.

La respuesta varía considerablemente entre personas. Por eso, conviene evitar tanto un consumo excesivo como los cambios bruscos en la cantidad habitual. Si se desea disminuir la cantidad habitual, suele ser preferible hacerlo progresivamente en lugar de eliminarla de un día para otro.

Un matiz que cambia la interpretación

Tomar café antes de una crisis no significa necesariamente que el café la haya provocado. La fase previa de la migraña, conocida como pródromo, puede comenzar varias horas antes del dolor e incluir cansancio, somnolencia, bostezos, dificultad para concentrarse o falta de energía.

Estos síntomas pueden llevar a algunas personas a buscar más cafeína de lo habitual para intentar sentirse más despiertas. Si el dolor aparece poco después, es fácil interpretar que el café ha sido el desencadenante cuando, en realidad, la crisis ya había comenzado a desarrollarse.

En otras palabras, a veces no es la cafeína lo que provoca la crisis, sino la crisis —todavía sin dolor— la que provoca las ganas de tomar cafeína. Por eso, para identificar un verdadero desencadenante no basta con observar qué se ha consumido justo antes del dolor: es necesario comprobar si el mismo patrón se repite en distintas ocasiones.

¿Es necesario dejar el café si tienes migraña?

No necesariamente.

La respuesta a la cafeína varía mucho entre personas y la evidencia disponible no justifica eliminarla de forma sistemática en todas las personas con migraña. Lo más útil suele ser observar la relación individual y evitar cambios bruscos.

Si consumes cafeína habitualmente, puedes seguir estas pautas:

  • Mantén una cantidad y unos horarios relativamente constantes, también durante el fin de semana. 

  • Cuenta todas las fuentes de cafeína, no solo el café. El té, los refrescos de cola, las bebidas energéticas, el chocolate y algunos medicamentos también pueden contenerla.

  • Evita aumentar el consumo para compensar el cansancio provocado por dormir poco. 

  • Procura no tomarla cerca de la hora de acostarte, ya que la alteración del sueño puede favorecer indirectamente las crisis. 

  • Si quieres reducirla, hazlo de manera gradual. 

  • Registra durante varias semanas el consumo y las crisis antes de concluir que el café es un desencadenante. 

La clave está en la cantidad y la regularidad

La cafeína ocupa una posición peculiar en la migraña: puede potenciar el efecto de algunos tratamientos agudos, pero también puede favorecer las crisis cuando se consume en exceso, de manera irregular o se retira bruscamente después de un consumo habitual.

Por eso, no existe una recomendación idéntica para todo el mundo. Algunas personas toleran una o dos tazas diarias sin problemas; otras son sensibles a cantidades mucho menores. Además, una taza no representa una medida exacta, ya que su contenido en cafeína depende de la preparación y del tamaño.

Más que considerar la cafeína como una aliada o una enemiga, conviene observar cómo responde cada persona, mantener hábitos regulares y consultar con un profesional sanitario si las crisis son frecuentes, cambian de patrón o requieren medicación aguda repetidamente.

La regularidad también forma parte del cuidado frente a la migraña

Conoce Abezen