Migraña menstrual: por qué aparece y qué relación tiene con los cambios hormonales

Migraña menstrual: por qué aparece y qué relación tiene con los cambios hormonales

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Para muchas mujeres con migraña existe un patrón que resulta casi predecible: las crisis aparecen alrededor de la menstruación, desde los días previos hasta los primeros días de sangrado. No es casualidad ni una percepción subjetiva: es uno de los desencadenantes de migraña más consistentes y mejor documentados que existen, y tiene una explicación hormonal bastante concreta.

¿Qué es la migraña menstrual?

La migraña menstrual no es un tipo de dolor de cabeza diferente, sino un patrón temporal de migraña asociado al ciclo menstrual.

La Clasificación Internacional de las Cefaleas considera como ventana menstrual el periodo comprendido entre los dos días anteriores al comienzo de la menstruación y el tercer día de sangrado, ambos incluidos. Para considerar que existe este patrón, las crisis deben comenzar dentro de esa franja en al menos dos de cada tres ciclos.

Se distinguen dos situaciones:

  • Migraña menstrual pura: las crisis se producen exclusivamente dentro de la ventana menstrual y no aparecen en otros momentos del ciclo. 

  • Migraña relacionada con la menstruación: se producen crisis dentro de la ventana menstrual, pero también pueden aparecer en otros momentos del ciclo. Por tanto, una mujer puede experimentar varias crisis a lo largo del mismo mes: algunas relacionadas temporalmente con la menstruación y otras no. 

La diferencia fundamental es sencilla: en la migraña menstrual pura todas las crisis se concentran alrededor de la menstruación, mientras que en la migraña relacionada con la menstruación también existen crisis fuera de esos días. Esto no significa necesariamente que haya varias crisis todos los meses, sino que el patrón se identifica al registrar y comparar varios ciclos.

La caída de estrógenos antes de la menstruación

Durante el ciclo menstrual, los niveles de estrógenos y progesterona no permanecen estables, sino que aumentan y disminuyen de forma coordinada. Si no se produce un embarazo, ambas hormonas descienden al final del ciclo y comienza la menstruación.

La hipótesis con mayor respaldo científico relaciona la migraña menstrual con la disminución rápida de los estrógenos, especialmente del estradiol. Lo relevante no parece ser únicamente que sus niveles sean altos o bajos, sino el cambio que experimentan. En personas con predisposición a la migraña, esta variación puede aumentar temporalmente la susceptibilidad a una crisis.

Los estrógenos intervienen en diferentes mecanismos relacionados con la migraña, como la actividad de la serotonina, la excitabilidad neuronal, el sistema trigeminovascular y la liberación de CGRP, una molécula implicada en la transmisión del dolor migrañoso. Cuando los niveles hormonales cambian, también puede modificarse temporalmente el funcionamiento de estos sistemas.

Sin embargo, las hormonas no actúan solas. Durante esos días también pueden coincidir cambios en el sueño, estrés, cansancio, alteraciones en las comidas o la hidratación y dolor menstrual. La combinación varía en cada persona e incluso entre ciclos, lo que explica que no todas las menstruaciones provoquen una crisis ni que todas tengan la misma intensidad.

Por qué las crisis menstruales pueden ser más difíciles

Las crisis asociadas a la menstruación pueden ser más prolongadas, intensas y difíciles de aliviar que las que aparecen en otros momentos del ciclo. Aunque todavía no existe una explicación única, se cree que se debe a la coincidencia de varios cambios biológicos.

La disminución de los estrógenos puede aumentar la sensibilidad del sistema nervioso y favorecer la activación de las vías implicadas en la migraña. Al mismo tiempo, con el comienzo de la menstruación aumenta la liberación de prostaglandinas, sustancias que participan en el dolor y en los procesos inflamatorios y que también pueden contribuir a síntomas como las náuseas. La combinación de estos procesos podría explicar que algunas crisis duren más o respondan peor al tratamiento habitual.

Esto no sucede de la misma manera en todas las mujeres ni en todos los ciclos. Llevar un diario durante al menos tres ciclos, anotando el inicio de la menstruación y las características de cada crisis, permite comprobar si existe un patrón y facilita su valoración.

Un mismo patrón en distintos momentos de la vida

La influencia de las variaciones hormonales sobre la migraña también puede observarse en otras etapas de la vida de la mujer, aunque el comportamiento no es igual en todas las personas.

Durante el embarazo, por ejemplo, la migraña mejora en muchas mujeres, sobre todo a partir del segundo trimestre. El estrógeno y la progesterona se mantienen altos, pero de forma estable, sin los altibajos del ciclo menstrual. Y tras el parto, cuando esos niveles caen de golpe, algunas mujeres notan que las crisis vuelven con rapidez.

En la perimenopausia ocurre lo contrario: los niveles de estrógeno empiezan a fluctuar de forma más errática e impredecible, y muchas mujeres notan un empeoramiento durante esos años. Tras la menopausia, cuando estas variaciones disminuyen, las crisis pueden mejorar o volverse más estables, aunque no sucede así en todos los casos.

El embarazo, el posparto, la perimenopausia y la menopausia son situaciones diferentes, pero todas muestran que los cambios hormonales pueden influir en la susceptibilidad a la migraña. No son su única causa, pero sí una pieza importante para comprender por qué las crisis pueden variar a lo largo de la vida.

 

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