Coenzima Q10 y migraña: qué dice la evidencia científica

Coenzima Q10 y migraña: qué dice la evidencia científica

La coenzima Q10 es conocida principalmente por su participación en la producción de energía celular. Sin embargo, desde hace años también se estudia por su posible utilidad en la prevención de la migraña.

El interés no es casual. El cerebro necesita un aporte constante de energía para funcionar y existen investigaciones que relacionan la migraña con alteraciones en el metabolismo energético, el estrés oxidativo y el funcionamiento de las mitocondrias. En este contexto, varios ensayos clínicos han evaluado si la suplementación con coenzima Q10 puede ayudar a reducir la frecuencia de las crisis.

Las "pilas" de tus células 

La coenzima Q10 es una sustancia que el propio cuerpo produce, y está presente en prácticamente todas las células. Su trabajo principal ocurre dentro de las mitocondrias —las auténticas pilas de nuestras células—, donde participa en la transformación de los nutrientes en la energía que las células necesitan para funcionar. Además, actúa como antioxidante, protegiendo a las células del desgaste de ese mismo proceso.

Esto es especialmente relevante en el cerebro: pese a representar solo un 2 % del peso corporal, consume cerca del 20 % de toda la energía del cuerpo. 

En las personas con migraña se han descrito alteraciones en la forma en que las mitocondrias producen y utilizan esa energía. Una de las hipótesis estudiadas plantea que esta menor eficiencia energética podría hacer que el cerebro tuviera más dificultades para responder ante determinadas situaciones de mayor demanda, favoreciendo la activación de los mecanismos implicados en una crisis.

Esto no significa que todas las personas con migraña tengan un déficit de coenzima Q10, ni que exista una única causa detrás de la enfermedad. El metabolismo energético constituye una pieza más del complejo conjunto de procesos que intervienen en la migraña.

Qué muestran los estudios sobre la coenzima Q10 y la migraña

El ensayo más citado es el de Sándor y su equipo, publicado en Neurology en 2005. En él participaron 42 adultos con migraña que tomaron coenzima Q10 o placebo durante tres meses.

El resultado fue que el 47,6 % de quienes tomaron coenzima Q10 redujo sus crisis a la mitad o más, frente al 14,4 % del grupo placebo. También se observaron diferencias favorables en el número de crisis, los días con dolor de cabeza y los días con náuseas durante el tercer mes.

Posteriormente, en 2021, una revisión publicada en BMJ Open reunió seis ensayos clínicos aleatorizados con un total de 371 participantes adultos.

Los resultados mostraron que las personas que tomaron coenzima Q10 experimentaron, de media, 1,52 crisis de migraña menos al mes que los grupos de control. Dicho de una forma más sencilla, el efecto observado equivale aproximadamente a una o dos crisis menos cada mes.

La reducción de la frecuencia fue estadísticamente significativa y la evidencia para este resultado se clasificó como de certeza moderada. También se observó una reducción estadísticamente significativa en la duración de las crisis, aunque su magnitud fue pequeña.

En conjunto, estos resultados indican que el posible efecto preventivo de la coenzima Q10 no es inmediato, sino que aparece progresivamente y debe valorarse después de un periodo de uso continuado.

Una pieza más del enfoque preventivo

La evidencia clínica disponible indica que la coenzima Q10 puede ayudar a reducir la frecuencia de las crisis de migraña en adultos. En el conjunto de los ensayos analizados, el beneficio medio fue de aproximadamente una o dos crisis menos al mes, y en el estudio de referencia casi la mitad de los participantes consiguió reducir su frecuencia al menos un 50 %.

Su posible utilidad se relaciona con su participación en la producción de energía mitocondrial y con su función antioxidante, dos procesos de interés en la investigación actual sobre la migraña.

No actúa como un analgésico ni está destinada a aliviar de forma inmediata una crisis. Su interés se encuentra en la prevención y en la reducción progresiva de la frecuencia, por lo que sus resultados deben valorarse a medio plazo.

Como ocurre con cualquier estrategia preventiva, la respuesta puede variar entre personas y su utilización debe integrarse en un abordaje adaptado a cada caso.

Un enfoque preventivo para el cuidado diario

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