¿Qué ocurre en el cerebro durante una migraña?

¿Qué ocurre en el cerebro durante una migraña?

Ya hemos hablado de qué es la migraña y por qué aparece. Pero, ¿qué pasa exactamente en el cerebro cuando empieza una crisis?

La ciencia describe la migraña como un proceso que avanza por fases, no como un dolor que llega de golpe. Cada fase tiene su propio origen en el cerebro y, muchas veces, sus propias señales. Conocerlas puede ayudarte a reconocer mejor lo que te pasa y a actuar antes.

1. Fase premonitoria: las primeras señales

Horas —a veces hasta dos o tres días— antes de que llegue el dolor, el cerebro ya está reaccionando. Esta primera fase se relaciona sobre todo con el hipotálamo, una región del cerebro que regula funciones como el sueño, el apetito y el estado de ánimo.

¿Cómo se sabe esto, si todavía no hay dolor? En 2014, un equipo de investigadores logró provocar migrañas de forma controlada en un grupo de voluntarios y escanear su cerebro con PET en el momento exacto en que aparecían los primeros síntomas, antes de cualquier dolor. Fue así como se vio, por primera vez, al hipotálamo activándose desde el principio.

Por eso, en esta etapa son frecuentes síntomas que muchas veces no se asocian con la migraña: cansancio, cambios de humor, antojo de determinados alimentos, bostezos constantes o rigidez en el cuello.

Aprender a reconocer estas señales tempranas es útil: son la primera pista de que una crisis puede estar en camino, incluso antes de que aparezca cualquier dolor.

2. La aura: cuando el cerebro cambia su actividad eléctrica

En aproximadamente 1 de cada 3 personas con migraña, antes o al inicio del dolor aparece lo que se conoce como aura: alteraciones visuales (destellos, líneas brillantes o zonas ciegas), hormigueo en manos o cara, o incluso dificultad para encontrar palabras.

Detrás de estos síntomas hay un fenómeno curioso: una ola de actividad eléctrica anómala que avanza lentamente por la superficie del cerebro y altera durante unos minutos cómo funcionan las neuronas de esa zona (los científicos lo llaman depresión cortical propagada). Por eso el aura suele "moverse": empieza, por ejemplo, en un punto del campo visual y se va desplazando en los minutos siguientes.

El tipo de síntoma depende de por dónde pasa esa ola: si recorre la corteza visual, aparecen destellos o manchas ciegas; si pasa por la zona que procesa el tacto, hormigueo; si afecta a las áreas del lenguaje, cuesta encontrar las palabras. Es la misma onda, pero el síntoma cambia según el terreno que atraviesa —y explica por qué algunas personas notan cómo un síntoma da paso a otro a medida que avanza la crisis.

Este fenómeno se descubrió por casualidad, y no precisamente estudiando la migraña. En 1944, un neurofisiólogo brasileño lo observó en cerebros de conejo mientras investigaba la epilepsia: en lugar de la actividad eléctrica intensa que esperaba, vio cómo la actividad se apagaba y esa "ola de silencio" avanzaba por la corteza a un ritmo de unos 3 milímetros por minuto.

La conexión con la migraña llegó por una coincidencia. Unos años antes, otro científico —que además sufría migraña con aura— había dibujado con detalle cómo se desplazaba su propio escotoma (la mancha ciega que precede al dolor) durante sus crisis, y calculó que avanzaba exactamente a ese mismo ritmo. En 1958, un tercer investigador se fijó en la coincidencia y planteó que ambos fenómenos podían ser uno solo. Años después, la resonancia magnética confirmaría que tenía razón.

El aura no aparece en todas las crisis ni en todas las personas con migraña, y suele durar solo unos minutos.

3. La fase de dolor: el nervio trigémino entra en acción

Aquí llega el síntoma más conocido: el dolor, normalmente pulsátil y en un lado de la cabeza. El protagonista de esta fase es el nervio trigémino, encargado de la sensibilidad de la cabeza y la cara.

Cuando se activa, libera sustancias inflamatorias, entre ellas el CGRP, que provocan la dilatación de los vasos sanguíneos que rodean el cerebro y una inflamación en esa zona. Esta combinación explica buena parte del dolor pulsátil característico de la migraña.

Además, el sistema nervioso se vuelve más sensible de lo habitual. Esto explica por qué, durante una crisis, cosas que normalmente no molestan —la luz, el sonido, o incluso el roce del pelo o de las gafas sobre la cara— pueden volverse difíciles de soportar.

En el caso de la luz, hay un motivo muy concreto: las señales que llegan desde los ojos y las señales de dolor que llegan desde las meninges se cruzan en las mismas neuronas del tálamo, una región que actúa como centro de distribución de la información sensorial. Por eso la luz no crea un dolor nuevo, sino que amplifica el que ya hay. Esto se descubrió, entre otras formas, estudiando a personas ciegas con migraña: quienes conservaban solo la capacidad de percibir luz —sin llegar a ver formas— seguían empeorando con la luz, mientras que quienes no percibían luz en absoluto no notaban ese efecto.

Esta mayor sensibilidad no aparece de golpe: se instaura de forma progresiva a medida que avanza la crisis. Una investigación de la Harvard Medical School situó esa "ventana" para actuar, antes de que el sistema nervioso central quede sensibilizado del todo, entre los 20 y los 120 minutos posteriores al inicio del dolor. Es una de las razones por las que muchos tratamientos funcionan mejor cuanto antes se toman, en lugar de esperar a que el dolor sea intenso.

4. El postdrome: la "resaca" de la migraña

Cuando el dolor desaparece, la crisis no siempre ha terminado del todo. Muchas personas atraviesan una última fase, conocida como postdrome o "resaca migrañosa", que puede durar hasta un día entero.

Es más frecuente de lo que parece: algunos estudios encuentran que hasta 9 de cada 10 personas con migraña pasan por esta fase en algún momento, aunque muchas veces no la relacionen con la crisis que acaban de tener.

Cansancio, dificultad para concentrarse, cambios de humor o sensación de "cabeza espesa" son síntomas habituales en este momento. El cerebro, literalmente, está recuperando su funcionamiento habitual tras el episodio.

Por qué entender estas fases es útil

Ver la migraña como un proceso por fases —y no como un dolor que llega sin más— tiene una utilidad práctica: ayuda a identificar señales tempranas propias y a relacionar con la migraña cosas que quizá no habías conectado antes, como el cansancio del día anterior o los antojos de última hora.

También explica por qué existen enfoques distintos según el momento: hay opciones pensadas para actuar durante la crisis, y otras —como los hábitos, la alimentación o determinados complementos— pensadas para reducir la frecuencia y la intensidad con la que el cerebro entra en este proceso, actuando en los periodos entre crisis.

Cuanto mejor entiendas qué está pasando en tu cerebro, más fácil será reconocer tus propias señales y actuar con margen.